¿Puede un candidato presidencial, en este caso Sebastián Piñera, sortear y eludir sin dar explicaciones un controvertido asunto que cuestiona su credibilidad de candidato presidencial como es la actual polémica acerca de su rol en la trama judicial por el caso del Banco de Talca?
La historia del actual candidato Sebastián Piñera en la infracción a la Ley de Bancos y fraude en el caso del Banco de Talca en 1982 no es nueva – ya ha sido objeto de investigación periodística.
Lo que ahora surge son mayores antecedentes, documentos y declaraciones que permiten hacerse una idea más completa de lo que sucedió y de la manera cómo el actual candidato presidencial de la derecha y en ese entonces ex-Gerente General del Banco de Talca logró eludir la justicia en ese episodio.
Lo nuevo es que ahora se sabe que en la protección de Sebastián Piñera hubo indebida intervención del régimen de Pinochet en el Poder Judicial. No sólo Mónica Madariaga (en esos años Ministra de Justicia, prima del dictador) llamó directamente al juez que llevaba la causa para proteger a Sebastián Piñera sino que también el gobierno influyó para que la Corte Suprema (nombrada por el propio régimen) se dispusiera a protegerlo de las medidas judiciales.
Es esta parte del asunto la que agrava la percepción anterior sobre su rol de Gerente General del banco y que llama a ser explicada ahora y que no debiera ser nuevamente eludida ahora frente a la opinión pública ciudadana – porque Sebastián Piñera aspira a ser Presidente de Chile y no debiera dejar el asunto sin tratar.
Desafortunadamente, Sebastián Piñera así como sus voceros de campaña han optado por argumentaciones que eluden entrar en el asunto y sólo contribuyen a tejer nuevamente una capa de protección . Es también muy desafortunado y sólo agrega algo de escándalo a un asunto serio, que sea la senadora Evelyn Matthei – vocera de su campaña – que emprenda su defensa y opte por la tesis de que se trata de un montaje de sus opositores. Por haber protagonizado ella misma una polémica historia con el candidato en los primeros años de la democracia en el país – no es, por sentido común, la persona adecuada para esa defensa.

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